Humedad relativa
Se ha comprobado que este factor es de gran importancia en la corrosión atmosférica ya que esta ocurre por un proceso electroquímico.
La
corrosión atmosférica es significativa a partir de un cierto valor de humedad
relativa esto es, hay un valor crítico de unidad relativa para cada metal, por
ejemplo, en el caso de hierro, así la humedad relativa es menor al 60%, entonces
no hay corrosión atmosférica.
Iones
cloruro (c1-) en la atmosfera
Los
cloruros contenidos en el salitre son los grandes responsables del gran nivel
de corrosión de los materiales metálicos en ambientes marinos ya que:
Los
productos de corrosión formados entre el metal y el ión cloruro son MUY
solubles en agua en comparación con la herrumbre formada sin iones cloruros.
El
cloruro de sodio y otras sales son sustancias muy higroscópicas, es decir, muy
absorbentes de agua. Esta característica conduce a una mayor retención del agua
(de la humedad condensada) sobre las superficies metálicas cuando hay sales o
salitres depositados sobres las estructuras, equipo y materiales expuestos a
medios marinos. Mientras mayor es el tiempo de contacto entre la humedad y el
material metálico, mayor es la corrosión atmosférica.
Gases en la atmósfera (SO2
ó SO3)
En
el caso de SO2 ó de SO3 (productos de combustión), se ha comprobado
experimentalmente que atmósferas con dicho gases son más corrosivas.
En el caso de aceros, por ejemplo, la corrosión
aumenta considerablemente si la concentración de SO2 supera los 0,1 mg/m3.
Pues con estos gases se observa un mayor deterioro de los recubrimientos y pinturas al aumentarse
el nivel de SO2 ó de SO3.
La combinación entre SO2 y la humedad relativa alta es desastrosa para la vida de aceros al carbono y de hierro
Cuando el SO2 o el SO3
son absorbidos sobre la superficie metálica, al reaccionar con la húmeda
presente se forman ácidos (sulfúrico y sulfuroso) las cuales atacan y disuelven
los óxidos formados exponiendo de esta forma, mas metal fresco a la corrosiva
atmósfera.
Cantidad de partículas
contaminantes en la atmósfera
Además del efecto visible de los contaminantes
atmosféricos al ensuciar las superficies metálicas, las partículas de carbón,
polvo, tierra y/o arena tienden a retener la humedad y sales, lo cual conduce a
una mayor corrosión o deterioro del material al depositarse sobre la superficie
del mismo.
Velocidad y dirección del
viento
El
viento arrastra o transporta polvo, arena, carbón, sucio, etc., lo cual puede representar un efecto erosivo o
desgastante que tiende a disminuir drásticamente la vida de pinturas, de
recubrimientos y de los materiales metálicos mismos.
Frecuencia de las lluvias
En atmósferas salinas (marina),
donde hay una gran contaminación sólida, la lluvia, aunque trae consigo el agua
(electrolito), tiende a “lavar” las superficies y a eliminar una gran cantidad
de sal o de sucio, lo cual disminuye la conductividad eléctrica del electrolito
sobre los metales y de allí que disminuye la corrosión.
Si
la atmósfera es rural o urbana,
entonces la lluvia puede contribuir a aumentar la corrosión ya que no tienden a
“lavar” las superficies metálicas respectivas porque no hay sal, pero si
proporciona el agua para aumentar la corrosión correspondiente. Si hay una gran
cantidad de sulfuros y sulfatos, típico de una atmósfera industrial o una urbana
con una gran densidad de vehículos automotores, la lluvia disminuye la
velocidad de corrosión al servir de “lavado” de las superficies metálicas
respectivas.
Todos los factores antes mencionados, contribuyen decisivamente en la corrosión atmosférica, ya que la acción conjunta de los factores de contaminación y los meteorológicos determinan la intensidad y naturaleza de los procesos corrosivos, y cuando actúan simultáneamente, aumentando sus efectos. También es importante mencionar otros factores como las condiciones de exposición, la composición del metal y las propiedades del óxido formado, que combinados entre sí influyen en los procesos de corrosión.

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